Volcán Lonquimay

De nuevo, dos foráneos por tierras extrañas vuelven a transitar por terrenos australes, esta vez para coronar el “Mocho” o volcán Lonquimay. Sedientos de alma aventurera y con la mirada fija en lo alto de la cumbre, comienzan a ascender por la ladera con un rumbo vertical. Los senderos borrados por el invierno helador no son huellas a las que seguir. Caminante no hay camino, el camino se hace al andar.
A lo lejos, misma gente hace lo similar, la atmósfera se llena de espíritu inquieto.
La ascensión es dura, pero no lo suficiente para dos tipos con sangre aragonesa.

1700, 1800, 2000 metros, la vista comienza a brindar un regalo para los ojos. A lo lejos, el hermano menor de Lonquimay asoma con su cráter y la lengua de lava de la erupción del 88.

El elemento blanco apareció en el suelo, pero no fue motivo para acobardar. En Teruel también nieva.

2100, 2200, 2300, el cansancio comienza en el dúo, más 3 horas ya habían transcurrido de vagar por la escoria volcánica inestable. Pero el espíritu y las ganas podían a la altura y al volcán.
El pulso entre él y nosotros fue resistente, duro y “costerudo”, hasta que el riesgo fue mayor que el placer. Hasta ahí llegó el periplo. En la cota 2650 y a 150 metros de la cima, la divisoria pedía respeto, pues fuerte viento y valiente caída había a ambos lados. Y dándose la mano los “afuerinos” quedaron hinchados de orgullo y de aire puro.


“¡Fíjate!”, dice uno señalando el horizonte.
Tras la hermosa vista de los Andes chilenos y un breve pensamiento, emprendimos el éxodo. Ahora si, siguiendo nuestros pasos.


Dejamos a tras la parte mas alta y en la retina quedaba aquello que andábamos persiguiendo.

Descender es una tarea difícil y a la vez cansada, no obstante siempre se tiene ganas de llegar al punto inicial, aquel donde partiste y la gente te está esperando. Pero esta no es nuestra historia… El vehículo que nos trajo, no estaba. Mirándonos con caras atónitas y con gritos lastimosos y mal sonoros, seguimos la marcha a Malalcahuello. 15 kilómetros nos esperaban de excursión no programada.
Una vez más, otra “pirulilla” de 4 horas de cansino andar fue premiada por nuestro boleto ganador. Esta vez si, estábamos jodidos del todo.

Las araucarias centenarias ayudaron a amenizar el regreso con su porte arcaico y extravagante.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bonitas las fotos. Al recorrer todo el blog me siento muy orgullosa de vosotros, un abrazo fuerte, Dominique

Anónimo dijo...

A 150 mts. DEBISTEIS CORONARLO, es para siempre, es la diferencia que te deja una pequeña "espinita". No obstante me siento orgulloso de vosotros.Me gustaría disfrutarlo "in situ" en vuestra compañía.Sencillamente ¡¡ESPECTACULAR!!.No me canso de repetir la envidia que os tengo.
¡¡UN ABRAZOOOOOOOO!!

Anónimo dijo...

Hermanos la verdad es que me impresiona el hecho que volvieran "SOLOS" a malalcahuello.

Por que en el pueblo los Bomberos, Carabineros Y el comite de emergencia local estaban reunidos para irlos a buscar.

PD: Si no me reconocen por el alias deben saber que soy hombre y que me impresiona que Diego no apareciera en ninguna fotografia con la biblia en la mano.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA