Alerces Andinos y Chiloé

Etapa final de nuestro viaje trasandino por tierras chilenas con rumbo hacia el norte donde decimos adiós a la Carretera Austral con nuestra última parada en Chaitén. Aquí hay un parque privado de un “gringo”; se trata del Parque Pumalín. El viaje para llegar, fue largo y con algún que otro imprevisto. El conductor es el mecánico de la furgoneta que nos llevó y dijo que reforzó las ballestas ya que es un viaje de 8 horas por una pista llena de agujeros y mal conservada. Hubo que parar varias veces para arreglar la dirección y apartar algunos árboles del camino.
Este es el puente colgante del lago Yelcho. Lo más espectacular son los ventisqueros que le rodean.

Y de nuevo, el Pacífico…
Quedaba por visitar la selva fría a orillas del mar interior de Chiloé. Aquí crecen árboles milenarios, donde el tiempo ha visto pasar desde el nacimiento del imperio romano hasta nuestros días. De crecimiento lento, los Alerces Andinos (Fitzroya cupressoides), ensanchan el diámetro de su tronco con una media de 1 milímetro cada 3 años. Al abrazarlos sientes que eres un insignificante parpadeo en una vida tan longeva.
Para entrar al parque hay que contratar un tour que te lleva con una furgoneta de un lugar a otro. El guía se llama Nico, canadiense loco por la naturaleza y un artista tocando el banjo.
En el parque se pueden otras muchas actividades, la más común es el trekking por diferentes senderos, en los cuales aparecen muchas cascadas rodeadas con una frondosidad exuberante.
Fue en Chaitén donde nos despedimos de nuestros compañeros de viaje, que nos han acompañado durante toda la travesía patagónica. Os echaremos de menos… nos vemos en Gandía!!
Último tramo, Chiloé… isla que se envuelve de fábulas y magia. Para ello tomamos un barco carguero remodelado para la ocasión de tranquila y cansina navegación. Tuvimos suerte ya que ese día estaba la atmósfera despejada (cosa poco común) y pudimos ver al volcán Corcovado y los glaciares de montaña andinos.
En el barco conocimos a Kike y a Matías de Alemania y a Dani de Formentera, serían nuestros colegas de viaje por 3 días en la isla. Cuando desembarcamos y viajamos a Castro anduvimos buscando alojamiento durante 2 horas para encontrar lo más barato. Esta faena se la dejamos a Diego, que con sus regateos sacó el mejor precio de habitación en lo que llevamos de viaje.
En Chiloé existe una gran producción de salmón ya que sus fiordos, ensenadas y lagos son propicios para la acuicultura de esta especie. Puedes comer un plato de salmón por apenas 4 euros.
También son curiosas las iglesias. Construidas en madera con dos y tres siglos de antigüedad. Algunas están declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Diego muestra nuestra guía de viaje, la “Turistel”, destrozada ya de tanto manoseo. ¡Que hubiéramos hecho sin ti!

Carretera Austral

Desde el verano austral, Feliz Año Nuevo!!

Van 6 españoles en Calafate, coge uno y dice: ¿Por qué no nos vamos de Calafate a Chile Chico por el Atlántico y luego volvemos al Pacífico? Y dice el de Cella, buena idea. Así fue, nos dimos una pequeña vuelta por la pampa patagonica, en busca de mucha carretera a bordo de nuestra querida Serena. 1300 km de carretera recta e interminable fueron los que recorrimos en un día para llegar a nuestro destino. Únicamente los guanacos, ñandúes y las nubes fueron los compañeros de viaje, pero vimos el Atlántico.

Llegamos a Los Antiguos, frontera de Argentina con Chile, a las 4 de la mañana cansados de la Serena tras 14 horas de ardua conducción. A las 8 entramos en Chile en el paso a Chile Chico e iniciamos con ganas a la polvorienta Carretera Austral.
El lago que aparece en la foto es el General Carrera, gigantesca hoya hidrográfica que forma el segundo lago más grande de Sudamérica. Sus aguas celestes son hermosas por el agua de los glaciares que le arropan.
Aquí fue donde nos dimos cuenta que la Serena no era el vehículo más adecuado por este tipo de superficies ya que el habitáculo no es hermético. Es decir por las puertas entraba toda la Patagonia en forma de polvo. Ni en los peores pisos de Gandía no había tanto polvo.
190 km de pista serpenteante transcurrimos a orillas y acantilados del lago, con traileros italianos, cóndores y gauchos hasta la villa de Cochrane en pleno corazón de los Andes sureños.
La Carretera Austral es una obra de esfuerzo y mucho sudor que el gobierno chileno llevó a cabo hace años. Antes circular por ella era una aventura automovilística, pero el floreciente turismo y las minas de oro y plata que existen han dado una mejora a su tránsito.

Cerca de allí existe el río más bonito de Chile, el Baker. Sus aguas son el desagüe del lago antes mencionado y cursan hacia el Pacífico de un color azul celeste intenso. Admiren este paraje porque dentro de unos años será imposible estar en sus orillas, pues varias presas hidroeléctricas van aparecer en su cauce. Tiene narices que sea una empresa española la que esté metiendo mano en la Patagonia… esta es Endesa. Desde aquí me solidarizo y doy mi apoyo a los grupos locales que dicen: “PATAGONIA SIN REPRESAS”
De Cochrane volvimos hacia el norte, a la villa de Río Tranquilo, donde es famosa “La Catedral”. Formación rocosa de mármol esculpida con mucha gracia con estilo patagónico.
De aquí existe una pista donde lleva a ver algunos de los ventisqueros colgantes del campo de hielo norte.
En Cerro Castillo visitamos las pinturas rupestres de los Tehuelches con 10.000 años de antigüedad.
Esta es la famosa "Cuesta del Diablo". Aquí la serena dió una advertencia... se quedó sin agua.
En Coyhaique estamos pasando el año nuevo y he aprovechado para echar la caña en una laguna de la Reserva Nacional de Coyhaique. Esas son dos Truchas Café, hermosas y sabrosas en el horno…
Aquí nos despedimos de la Serena, cumplidora y protagonista de los 3.000 km recorridos hasta ahora. El viaje continúa hacia el norte en bus y con las mochilas a las espaldas.