...y llegó el final del viaje

Llegó el fin… 4 meses han pasado desde que abandonamos ilusionados España para embarcarnos en la que hoy por hoy ha sido la mayor experiencia que hemos vivido. Ahora toca regresar a casa y lo más importante terminar el proyecto para que nos titulemos de las Ciencias Ambientales que tanto nos ha costado.
Desde aquí quiero agradecer a todos aquellos que han hecho posible que el viaje por la parte más austral de Sudamérica haya sido una realidad y aquellos que nos han ayudado, conocido e invitado en Chile, Argentina y Uruguay.
No me puedo olvidar aquellos que han sido fieles al blog del Cono Austral con sus visitas y comentarios.
Un servidor, Brunix, y compañero de aventuras, Filete, se despiden del Cono Austral dejando lo mejor de cada uno, pero llevándose el recuerdo de lo vivido.

Buenos Aires y Uruguay

Aprovechando que nos sobraban unos días de nuestro periplo patagónico decidimos ir al otro extremo de la pampa para visitar la capital de Argentina.
Enorme metrópoli enclavada en el sur del Río de la Plata, Buenos Aires reúne a 12 millones de habitantes, un tercio de la población total de Argentina. Un gran hormiguero es lo más parecido a esta ciudad.
Edificios de bella factura arquitectónica, variopintos barrios, anchas avenidas y rascacielos definen el centro de la ciudad.
Visitamos el estadio de la Bombonera donde Boca Juniors juega sus partidos en la liga Argentina.
Sí! esa es la auténtica Copa Libertadores.
A parte de conocer la ciudad de los “Porteños” dio tiempo para conocer lo más típico del mundo rural argentino. Las estancias.
En plena provincia de Buenos Aires se encuentra la EstanciaLa Brava”, perfecto lugar para olvidarse del estrés de la gran ciudad e inmejorable lugar para recargar las pilas gastadas durante el largo viaje. De las 1.100 hectáreas que componen la estancia, gran parte están aprovechadas por plantaciones de soja, ganado vacuno y equinos salvajes. Originariamente “La Brava”, que data del año 1790, fue un fortín que formaba, junto a otros, una línea de fortines para combatir a los indios aborígenes de estas tierras. Actualmente la familia Hardoy se encarga de gestionar la estancia además de ofrecer hospedaje con un buen clima de descanso y esparcimiento.

No hay nada mejor que dar un paseo a caballo por los alrededores junto al ganado y para terminar el día… un buen asado.
A 45 minutos de Buenos Aires está la localidad de El Tigre, lugar donde geográficamente desemboca el río Paraná e inicia el Río de la Plata. Lo más característico de este lugar es el laberinto de canales en que está dividido el delta del río. Algunos “Porteños” han ubicado sus segundas residencias para pasar el verano no demasiado lejos de la urbe.
Aquí no existen las calles, solo hay canales. Hay que ir en un bote para ir a casa del vecino.
Uruguay… magnífico país donde el mate es más que un estilo de vida. Lo conocí hace tres años y me dejó muy buen sabor de boca. Desde mi punto de vista es un país donde se combinan las formas de vida de Argentina y Brasil, dando lugar a una mezcla especial. El motivo fue visitar a nuestros amigos y compañeros de viaje patagónico.
La parada fue en Colonia de Sacramento. Se puede ir desde Buenos Aires tomando un catamarán que vuela sobre las olas del Río de la Plata, demorando tan solo 50 minutos. Lo más característico de Colonia es su casco antiguo lleno de arquitectura colonial portuguesa y española.
Algo muy especial que hay en este país son las puestas de Sol. No hay lugar que haya conocido donde el ocaso sea tan místico. Mientras se esconde el Sol, en la playa suena música de timbales que ayudan al astro a ponerse sobre el horizonte. Algo muy parecido ocurre en Ibiza donde también se aplaude cuando el Sol se termina de poner.
Para terminar os muestro unas fotos que nos han mandado de la erupción del volcán Llaima. Este volcán esta tan solo a 30 km de Malalcahuello, pero es una lástima que la erupción fuese cuando estábamos en la Patagonia y ahora haya enmudecido. No hay que perder la esperanza ya que los más ancianos del lugar dicen que fue un aviso a una mayor erupción.

Conclusiones Patagónicas

Siempre que descargo las fotos de mi portátil y les echo un vistazo para ver como han salido, un pensamiento invade mi mente. Lugares exóticos a nuestro parecer, lejos de casa e irrepetibles son los de la lejana y ancha Patagonia. El recordatorio que deja una foto es el sentimiento grabado de aquel lugar. Inevitablemente la Patagonia es uno de ellos donde el espíritu de pionero genera una mística especial.
En todo caso, recorrer, conocer y llenarse de experiencia es todo aquello que andábamos persiguiendo. Hay que marcharse del hogar para ver que lo que te rodea no es lo único que existe, es más, el mundo está lleno de culturas diferentes que se han forjado de generaciones y con cambios en el transcurso de la historia de cada lugar.
Nuestro método, la mochila, grande y pesada, pero con todo para las necesidades que aparecen en la ruta. El saco, la tienda y un montón de ropa que a lo largo de los días se transforma en una bolsa olorosa a sudor corporal. Ya tenemos lo básico, ahora falta la espalda y cuidarse para que no te salga un lumbago o que las cervicales se te hundan. Una vez esto, es necesario conocer el itinerario, siendo fundamental el interés de cada uno para querer visitar el lugar con mayor atractivo. Cuando viajas solo es fácil, sin embargo, si dependes de más personas a veces hay debate, apoyándose cada uno en argumentos propios o en guías de viaje.
Me siguen, bueno. Lo siguiente es encontrar transporte ya que aquí, como ya conocen, las distancias no son como levantarse del sofá e ir al baño. Se puede ir andando, en bicicleta, en moto, coche, bus o barco, pero lo que no te van a quitar son las horas y horas invertidas en el desplazamiento.
Nosotros pensamos en un coche, se encarecía el viaje, pero te da la libertad que puedes parar en el lugar que quieras e ir a donde te da la gana sin depender de horarios. Bautizamos a nuestro coche como “La Serena” alusión al comportamiento que debía tener el carro para recorrer los 3.000 km y pico, casi la mitad por pista polvorienta y llena de agujeros “dobla llantas” y “rompe ballestas”. En Argentina llenar el depósito de diesel fue un lujo para un puñado de europeos que están acostumbrados a que el litro esté alrededor del euro. El lugar más barato para repostar fue cerca de las extracciones petrolíferas del sur (Comodoro Rivadavia). El litro cuesta 1,6 pesos argentinos, unos 35 céntimos de Euro.
Como la mayoría que viajan por estos lares son estudiantes, lo que más echas en falta es el dinero. Para extenderlo y alargar tu crédito al máximo hay varias estrategias a seguir. Una de ellas es la dieta del “pansito”, es decir, alimentarse del típico pan chileno con jamón y queso. ¿Parece delicioso verdad?, al final quita el apetito. Otra estrategia es el regateo. Diego ya es un licenciado en este arte. Maneja con soltura y facilidad el comerse el precio del servicio o del producto del vendedor. Siempre puedes encontrar un alojamiento por 3 “lucas”, aunque te pidan 6. Su técnica, el aturdimiento. La necesidad de que el vendedor tenga que hacer hasta ecuaciones de 2º grado para sacar el precio final es la técnica. El vendedor se rinde y accede a cualquier precio. Luego existe el riesgo de encontrártelo días más tarde con el papel de la ecuación en mano y que te diga que le timaste.
Una de las cosas que ocurren con frecuencia es que en el lugar más alejado de la civilización exista un mundo cosmopolita creado por los propios “mochileros”. Variopintas nacionalidades son las que hemos dejado atrás con buenos recuerdos de aquellos que dimos nuestra dirección de correo electrónico. En este viaje habremos dado la vuelta al mundo sin movernos de la Patagonia. Sueles conocerles en los lugares donde el transporte te deja; estaciones de bus, en un puerto o en la misma calle. Todo el mundo hace lo mismo, llega a un lugar y lo primero es buscar el alojamiento más barato. Sin duda montar la tienda de campaña en el prado es lo más socorrido pero si encuentras un residencial con familia incluida a buen precio pues tampoco le haces ascos.
La quema del disparador de la máquina de fotos es el deporte del mochilero, a parte de patear, patear y patear durante horas. Asombrados por la panorámica; ríos, montañas, glaciares con sus cóndores, guanacos y ovejas de fondo regresas donde te plantaste durante uno o varios días. Los inmensos paisajes es lo que más nos ha entrado por los ojos, con opiniones dispares acerca del lugar que más le ha gustado a cada uno.
En cada lugar visitado encuentras gentes con parecido acento pero diferente jerga, si te encuentras de un lado u otro de la cordillera. El “pansito y el tesito” es lo más común en el lado chileno con un carácter más tranquilo y sosegado. El lado cordillerano opuesto es donde el mate caliente desenfada a la gente plateada con un carácter Mediterráneo amable y abierto. En los dos casos destaca las buenas gentes que pueblan estas tierras donde la naturaleza todavía existe indómita.
Hubo un vez que, viajando con La Serena, paramos en medio de la ruta en Argentina a las 3 de la mañana en plena Pampa. La carretera, recta y solitaria, se perdía en el horizonte creado por la penumbra de las estrellas y la luna. Lugar irrepetible en medio de la nada…
Hay momentos en los que desearías estar en tu casa tranquilo con tu rutina. Esos momentos suelen aparecer cuando ha ocurrido alguna “pirulilla” que merma la moral. No todo es oro lo que reluce. Existen momentos malos y de cabreo que puede venir de situaciones en los que irremediablemente no deseas, te han robado o mentido. El mejor placebo es pensar que estas situaciones sirven para futuras experiencias.
Pero sin duda, lo que más me ha llenado es compartir las experiencias vividas con la gente que te acompaña en cada momento del viaje. De aquí doy las gracias a Carmen, Lucía, Paolo, Rafa y con una mención especial a Diego, por los momentos vividos siempre observados por la Cruz del Sur.