Carretera Austral

Desde el verano austral, Feliz Año Nuevo!!

Van 6 españoles en Calafate, coge uno y dice: ¿Por qué no nos vamos de Calafate a Chile Chico por el Atlántico y luego volvemos al Pacífico? Y dice el de Cella, buena idea. Así fue, nos dimos una pequeña vuelta por la pampa patagonica, en busca de mucha carretera a bordo de nuestra querida Serena. 1300 km de carretera recta e interminable fueron los que recorrimos en un día para llegar a nuestro destino. Únicamente los guanacos, ñandúes y las nubes fueron los compañeros de viaje, pero vimos el Atlántico.

Llegamos a Los Antiguos, frontera de Argentina con Chile, a las 4 de la mañana cansados de la Serena tras 14 horas de ardua conducción. A las 8 entramos en Chile en el paso a Chile Chico e iniciamos con ganas a la polvorienta Carretera Austral.
El lago que aparece en la foto es el General Carrera, gigantesca hoya hidrográfica que forma el segundo lago más grande de Sudamérica. Sus aguas celestes son hermosas por el agua de los glaciares que le arropan.
Aquí fue donde nos dimos cuenta que la Serena no era el vehículo más adecuado por este tipo de superficies ya que el habitáculo no es hermético. Es decir por las puertas entraba toda la Patagonia en forma de polvo. Ni en los peores pisos de Gandía no había tanto polvo.
190 km de pista serpenteante transcurrimos a orillas y acantilados del lago, con traileros italianos, cóndores y gauchos hasta la villa de Cochrane en pleno corazón de los Andes sureños.
La Carretera Austral es una obra de esfuerzo y mucho sudor que el gobierno chileno llevó a cabo hace años. Antes circular por ella era una aventura automovilística, pero el floreciente turismo y las minas de oro y plata que existen han dado una mejora a su tránsito.

Cerca de allí existe el río más bonito de Chile, el Baker. Sus aguas son el desagüe del lago antes mencionado y cursan hacia el Pacífico de un color azul celeste intenso. Admiren este paraje porque dentro de unos años será imposible estar en sus orillas, pues varias presas hidroeléctricas van aparecer en su cauce. Tiene narices que sea una empresa española la que esté metiendo mano en la Patagonia… esta es Endesa. Desde aquí me solidarizo y doy mi apoyo a los grupos locales que dicen: “PATAGONIA SIN REPRESAS”
De Cochrane volvimos hacia el norte, a la villa de Río Tranquilo, donde es famosa “La Catedral”. Formación rocosa de mármol esculpida con mucha gracia con estilo patagónico.
De aquí existe una pista donde lleva a ver algunos de los ventisqueros colgantes del campo de hielo norte.
En Cerro Castillo visitamos las pinturas rupestres de los Tehuelches con 10.000 años de antigüedad.
Esta es la famosa "Cuesta del Diablo". Aquí la serena dió una advertencia... se quedó sin agua.
En Coyhaique estamos pasando el año nuevo y he aprovechado para echar la caña en una laguna de la Reserva Nacional de Coyhaique. Esas son dos Truchas Café, hermosas y sabrosas en el horno…
Aquí nos despedimos de la Serena, cumplidora y protagonista de los 3.000 km recorridos hasta ahora. El viaje continúa hacia el norte en bus y con las mochilas a las espaldas.

Las Torres del Paine y el glaciar Perito Moreno

Patagonia… no podría describir correctamente lo que es, hay que estar aquí para comprobar la belleza de estas tierras llenas de contrastes extremos. El tiempo cambia con la facilidad que tienen los segundos en comerse los minutos. Gran parte de este territorio es Pampa, que es el límite que tiene la estepa hasta las montañas. Los vientos son un elemento más. Sus fuertes soplidos intentan resecar aquello que se interponga en su camino desde la cumbre de las montañas, al oeste, hacia el Atlántico, al este. Al fondo, las montañas, escarpadas y erosionadas por épocas anteriores donde los glaciares cubrían gran parte de las cumbres al intentar descender en su camino hacia el océano.
Intentar cruzar este territorio es necesario un vehículo, para ello contamos con “La Serena”, una furgoneta que se bebe el diesel como lo haríamos con una cerveza en pleno mes de agosto. Eso si, no se queja cuando entramos los seis cargados por las pistas de ripio.

Dejamos atrás los fríos territorios de Tierra del Fuego para adentrarnos a la América continental. Llegamos a la capital de la Región de Magallanes, Punta Arenas, ubicada en la orilla norte del Estrecho de Magallanes. Cruzamos el ventoso estrecho con un trasbordador en el lugar donde se conoce como primera angostura.
Tras 250 kilómetros y a orillas de un fiordo en el océano Pacífico, llegamos a Puerto Natales, ciudad de 16.000 habitantes que es catalogada como entrada turística del Parque Nacional de las Torres del Paine. Estas montañas fueron erosionadas por los glaciares que aquí había hace 20.000 años, formando agujas, valles y lagos inmensos.
Los Guanacos se muestran impasibles a la presencia humana y al viento. En las cumbres se pueden divisar cóndores planeando sin esfuerzo sobre los vientos patagónicos.
El glaciar Grey desprende témpanos de hielo en el lago homónimo cuando su lengua helada desciende por el valle. El azul del hielo fósil es más intenso que el cielo.
La pesca dio lugar en estos parajes, aunque sin éxito. Sin embargo mereció la pena estar en el río Serrano mientras los “Cuernos de Paine” observaban. Un pescador local mencionó que ahora era el momento de la subida del Steelhead o "Trucha cabeza de acero" en su camino del océano al río, por lo que las truchas huyen de su apetito feroz.
Nos despedimos del parque nacional y tomamos la mítica Ruta 40 en Argentina. Fue el siguiente paso hacia nuestro próximo destino. En la aduana, Diego retó a unos gendarmes a una partida de ping pong. Duelo Argentina-España, con victoria visitante. Menos mal que no era un partido de fútbol y la derrota local no tuvo mayores consecuencias.
450 kilómetros recorrimos para llegar a Calafate, puerta hacia el glaciar más famoso del mundo, Perito Moreno. Nos deleitó con unas roturas de su hielo, ensordeciendo y asombrando a propios y extraños. Solo hay una palabra para describirlo: ¡impresionante!
Aquí te das cuenta de la fuerza que tiene la Naturaleza y lo que es capaz de hacer. Desafortunadamente en muchos casos está la mano del hombre, aprovechándose de sus recursos por el apetito económico y el egoísmo, sin que las masas no se den cuenta de que todos somos parte de ella.